Cuando alguien dice que está estudiando para las oposiciones de primaria, suele haber dos reacciones distintas:
- “Ah, pues mucha suerte, que eso tiene que ser durísimo.”
- “Pero… ¿eso qué es exactamente? ¿Un examen o varios?”.
La verdad es que mucha gente ha oído hablar de las oposiciones, pero no tiene ni idea de cómo funcionan en realidad. Y, si lo que quieres es presentarte, lo mejor es ir con toda la información clara, porque el proceso no es precisamente un paseo.
Qué son las oposiciones de primaria
Las oposiciones de primaria son un proceso selectivo para conseguir una plaza fija como maestro o maestra en un colegio público. Esto significa que, si apruebas y hay plaza para ti, te conviertes en funcionario/a, con todas las ventajas que eso conlleva: estabilidad laboral, salario fijo y la tranquilidad de que no te van a echar así como así.
Pero conseguir una plaza no es fácil: cada año (o cada dos, depende de la comunidad autónoma), se publican convocatorias en las distintas provincias. El número de plazas varía mucho: un año puede haber muchas y otro casi ninguna. Además, hay comunidades que convocan en años alternos para no pisarse entre ellas, así que no en todas puedes presentarte siempre.
Por ejemplo: Madrid puede convocar en 2024 y Andalucía en 2025. Y sí, puedes presentarte en cualquier comunidad, aunque no vivas allí. La pega es que, si apruebas, te quedas trabajando en esa comunidad, al menos al principio.
Cómo son las convocatorias
Cada comunidad autónoma publica su propia convocatoria oficial, normalmente unos meses antes de las oposiciones. Ahí es donde se detalla:
- El número de plazas.
- Las fechas y lugares de las pruebas.
- El temario oficial.
- Cómo será cada parte del examen.
- Las puntuaciones y criterios de corrección.
Las convocatorias salen en los boletines oficiales (por ejemplo, el BOE a nivel nacional o el BOJA en Andalucía). Y ojo: hay que estar muy atento, porque los plazos para inscribirse no suelen ser largos, y si se te pasa… a esperar a la siguiente.
También hay que pagar unas tasas para presentarse, que varían según la comunidad (normalmente entre 20 y 40 euros).
El temario de las oposiciones
Está formado por 25 temas. Son comunes para todo el país, pero cada comunidad puede añadir detalles sobre cómo se evaluarán. Los temas abarcan todo lo que un maestro debería saber: pedagogía, organización del aula, teorías del aprendizaje, legislación educativa, atención a la diversidad, y un amplio etcétera.
Lo complicado es que no basta con sabérselos de memoria: hay que entenderlos bien, relacionarlos entre sí y adaptarlos a lo que te pidan en el examen. Además, el tribunal no quiere que recites un tema como si fuera un robot; buscan que lo expliques de forma clara, ordenada y con ejemplos prácticos.
El proceso de las oposiciones: fases y pruebas
En general, las oposiciones de primaria tienen dos grandes fases: fase de oposición y fase de concurso. Vamos por partes.
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Fase de oposición (los exámenes en sí)
Esta es la parte más dura, porque es donde se decide si pasas o no a la fase siguiente. Consta de varias pruebas:
Prueba escrita: parte teórica
Aquí es donde entra el famoso temario. El tribunal saca varias bolas (números de tema) al azar, y tú tienes que elegir uno y desarrollarlo por escrito. Dependiendo de la comunidad, te pueden dar entre 2 y 3 horas para escribirlo.
Parece simple, pero no lo es: hay que estructurarlo bien, no olvidarse de las partes importantes y, sobre todo, no dejar que los nervios te bloqueen. Si te quedas en blanco, el tiempo vuela.
La corrección es bastante estricta. No vale con poner ideas sueltas, hay que desarrollar todo con coherencia. Además, la presentación cuenta: un examen desordenado da mala impresión.
Supuesto práctico
Esta es otra parte escrita, pero en lugar de desarrollar un tema teórico, te plantean una situación real de aula y tienes que explicar cómo actuarías.
Por ejemplo: “Tienes en clase un alumno con altas capacidades que se aburre porque termina las tareas muy rápido. Explica cómo adaptarías la programación para él y cómo trabajarías con el resto del grupo.”
Aquí no vale improvisar: hay que conocer bien la legislación, las metodologías y las adaptaciones posibles. También es importante que tu propuesta sea realista: el tribunal sabe perfectamente qué cosas se pueden hacer en un aula y cuáles suenan bien pero son imposibles.
Programación didáctica
Si superas la parte escrita, pasas a la parte oral. La programación didáctica es un documento que preparas en casa y entregas al tribunal. A tu medida Oposiciones, equipo multidisciplinar formado por un amplio grupo de preparadores especialistas, nos explica que esta debe incluir toda la planificación de un curso escolar para un área concreta (por ejemplo, Lengua, Matemáticas o Ciencias).
En ella tienes que explicar:
- Objetivos.
- Contenidos.
- Metodología.
- Evaluación.
- Atención a la diversidad.
- Actividades.
Suena a trabajo universitario, pero con mucha más presión. Además, cada comunidad marca el formato y la extensión exacta, así que no vale copiar la de un amigo de otra provincia.
Unidad didáctica
Después de la programación, tienes que exponer oralmente una unidad didáctica. El tribunal elige un número al azar de entre las unidades que hayas incluido en tu programación, y tú tienes que explicarla como si fueras a dar esa clase.
Aquí es donde se ve tu capacidad para comunicar. No basta con leer lo que llevas escrito, hay que hacerlo con seguridad, mirando al tribunal y demostrando que sabes de lo que hablas.
Lo más difícil es controlar los nervios. Muchos opositores se bloquean o hablan demasiado rápido. Otros se pasan de tiempo y les cortan a mitad.
El tribunal tiene muy medido el cronómetro.
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Fase de concurso (los méritos)
Si apruebas la fase de oposición, tus notas se suman a tus méritos. Estos son puntos extra que puedes conseguir por:
- Experiencia como maestro interino.
- Cursos de formación relacionados con educación.
- Másteres o grados adicionales.
- Publicaciones.
En muchas comunidades, la experiencia como interino cuenta muchísimo. Tanto, que a veces una persona con muy buena nota en el examen se queda sin plaza porque no tiene méritos suficientes, mientras que otra con notas más bajas pero mucha experiencia sí la consigue.
Dificultad real de cada prueba
Aunque todo el proceso parece lineal, cada parte tiene su propia trampa.
- Parte teórica: lo más difícil es organizar y memorizar todo el temario. No puedes dejar temas “cojos”, porque te puede salir cualquiera.
- Supuesto práctico: requiere mucha práctica y conocimientos actualizados. No vale inventar cosas que no existen en el currículo oficial.
- Programación didáctica: hay que ser muy meticuloso y seguir las normas de formato al pie de la letra. Si algo no cumple lo que pide la convocatoria, te la pueden echar atrás.
- Unidad didáctica: el reto es el miedo escénico. Muchos opositores saben el contenido, pero fallan al comunicarlo.
Consejos prácticos para no volverse loco
Aunque cada opositor tiene su método, hay algunas recomendaciones que suelen funcionar:
- Planificar el estudio desde el principio: no dejar todos los temas para el final.
- Practicar supuestos prácticos cada semana: ayuda a ganar rapidez y confianza.
- Ensayar la defensa oral: grabarse en vídeo y corregir errores.
- Conocer bien la legislación de la comunidad: el tribunal se fija en que cites la normativa correcta.
- Controlar los nervios: técnicas de respiración, meditación o incluso teatro pueden ayudar.
¿Y si no saco plaza?
No conseguir plaza no significa que todo esté perdido. Si apruebas sin plaza, entras en la bolsa de interinos de esa comunidad. Esto significa que puedes empezar a trabajar como maestro sustituto o en vacantes temporales.
Trabajar como interino es una buena forma de ganar experiencia, sumar méritos y volver a intentarlo en la siguiente convocatoria con más posibilidades.
La realidad de las oposiciones en España
Aunque el esquema general es el mismo, cada comunidad tiene sus peculiaridades. Por ejemplo:
- Andalucía: suele tener convocatorias grandes, pero mucha competencia.
- Madrid: tiende a poner pruebas exigentes, sobre todo en el supuesto práctico.
- Cataluña: además del proceso normal, piden demostrar conocimientos de catalán.
- Galicia: pasa lo mismo con el gallego.
- Canarias: la programación a veces incluye apartados específicos sobre su contexto insular.
Tiempo de preparación
Lo normal es que la gente empiece a prepararse con un año o año y medio de antelación. Pero hay opositores que se tiran 3 o 4 años estudiando (presentándose o no) hasta conseguir plaza.
Depende de si trabajas al mismo tiempo, de tus hábitos de estudio y de si partes de cero o ya tienes experiencia como interino.
¿Vale la pena? Depende de tus prioridades.
Es un proceso largo, exigente y con mucha incertidumbre, pero si tu objetivo es tener una plaza fija y dedicarte a la enseñanza pública, las oposiciones son el único camino.
El momento en que ves tu nombre en la lista de aprobados compensa las horas de estudio, los nervios y las veces que pensaste en dejarlo. Además, es una sensación de alivio y orgullo difícil de explicar, porque sabes que todo el esfuerzo y los sacrificios han valido la pena y que empieza una nueva etapa en tu vida profesional.





