El cuidado del planeta es una preocupación arraigada en la sociedad. En este campo estamos viviendo muchos cambios en los últimos años: la extensión del reciclado, las energías renovables, la economía circular. ¿Está la sociedad preparada para afrontar estos cambios? ¿Es suficiente la educación medioambiental que se imparte en los colegios?
Con todo lo que estamos viviendo (veranos extra-calurosos, lluvias devastadoras, periodos prolongados de sequía) es innegable que el cambio climático es una realidad. Todas las personas a un nivel u otro somos conscientes de que la humanidad es responsable del problema. La forma en la que se ha gestionado el progreso nos ha llevado a esta situación. Ahora nos toca frenar el avance. Pensamos que cada uno de nosotros podemos poner nuestro granito de arena. Sin duda, para afrontar el reto, la educación es una tarea decisiva tanto para las generaciones futuras como para las presentes.
Me he preguntado: ¿Qué tipo de educación medioambiental se imparte en los colegios? Ahora mis hijos son mayores y no estudian en la básica, por lo que no tengo un conocimiento directo como podría tener años atrás. Por lo que he podido investigar, el medioambiente no es una asignatura en sí. Es un área que se integra en diferentes asignaturas que van desde la básica hasta la Formación Profesional. Lo que la comunidad docente llama integración curricular. Son temas o parte de temas, que se introducen en los temarios.
La cooperativa educativa Ábacus, una cooperativa catalana que reúne a profesores, padres y centros educativos; y que es popular porque dispone de una red de tiendas donde encuentras el material escolar más económico, opina que es positivo que la educación ambiental comience a darse en las aulas. Desde primaria se empieza a educar a los niños en la necesidad de practicar un consumo responsable, se les introduce en el reciclado y se les da conciencia de lo importante que es ahorrar agua y energía.
Sin embargo, según ellos, falta que esa formación vaya acompañada de un cuestionamiento del sistema. De dar conciencia de cómo el cambio climático influye en el empobrecimiento de algunas comunidades, de cómo se están dando migraciones climáticas a día de hoy, y cómo en la agresión al planeta todos no tenemos la misma responsabilidad. Está bien enseñar a los niños a reciclar, pero no se puede colocar al mismo nivel a una familia que a una gran empresa contaminante o a un país que se niega a aplicar medidas coherentes en política de medioambiente.
Para Ábacus, en la educación medioambiental debe ir unida conciencia y práctica.
La conciencia va primero.
La historia nos enseña que en los movimientos humanos que han incidido en la sociedad, la conciencia ha determinado la práctica.
El caso más evidente es el movimiento obrero. Cuando los obreros toman conciencia de que son una clase, dejan de destrozar las máquinas en Inglaterra a finales del siglo XVIII y se organizan en sindicatos y partidos políticos, cuya lucha ha mejorado las condiciones de vida del conjunto de la humanidad. Incluso han llegado a protagonizar varias revoluciones, en las que podemos discernir respecto a la opinión que tenernos sobre su desarrollo, pero cuya influencia en la historia es innegable.
Algo parecido ha sucedido con la lucha de la mujer contra la discriminación. A medida que la conciencia por la igualdad se ha ido extendiendo, el movimiento feminista ha dejado de ser una reivindicación de unas pocas, a las cuales llamaban radicales, para convertirse en una pulsión de buena parte de la sociedad.
El movimiento ecologista no es nuevo. En los años 80 se organizan partidos verdes por toda Europa. Sin embargo, con todos los cambios que se están dando en materia medioambiental en los últimos tiempos, parece que la gente vamos a rebufo de las medidas que imponen las autoridades, sin tener un conocimiento profundo del problema. Probablemente, si la conciencia fuera mayor, los cambios tendrían mayor calado.
Greenpeace en la educación ambiental.
Greenpeace es una de las organizaciones ecologistas más antiguas y una de las que más implantación internacional tienen. Desde sus perfiles en Redes Sociales señalan que la educación es una de las claves del cambio.
En países como Argentina están impulsando una campaña de colaboración con centros educativos llamada Greenpeace en las escuelas. A través de charlas y talleres conciencian a los niños sobre la importancia de cuidar el planeta.
Estas actividades no son meramente informativas, sino que pulsan la sensibilidad de los estudiantes, animándoles a expresar sus ideas a través de dibujos, redacciones y trabajos de investigación que recogen sus propuestas y sugerencias.
A nivel internacional, Greenpeace ofrece material a colegios y profesores para que impartan sus clases sobre educación medioambiental, de manera gratuita y a través de sus páginas web. Entre el material didáctico que ponen al servicio de los docentes se incluyen textos, con una guía que ayuda al maestro a preparar las clases, así como una gran cantidad de recursos audiovisuales orientados a diferentes edades (educación primaria y educación secundaria).
Greenpeace cuenta con una Newsletter dirigida a docentes y educadores, donde comparte noticias sobre medioambiente, consejos y materiales para introducir en las clases.
Además, es relativamente sencillo que un centro solicite la asistencia de un voluntario de Greenpeace para que imparta una charla en el colegio para concienciar a los alumnos.
¿Qué se debería enseñar en las escuelas sobre medioambiente?
Consultando las webs de Greenpeace y de otras organizaciones ecologistas, esto lo que se debería enseñar en las escuelas:
- Comprender la crisis ecológica global. No basta con enseñar que “hay que cuidar el planeta”. Es necesario que los estudiantes comprendan por qué estamos en una emergencia climática: sobreexplotación de recursos, emisiones de gases de efecto invernadero, deforestación, pérdida de biodiversidad. Todo eso a través de datos veraces y contrastados.
- Educar en un consumo responsable. Desde el colegio se debe fomentar una reflexión crítica sobre nuestros hábitos de consumo: ¿Necesitamos lo que compramos? ¿Quién lo fabrica y en qué condiciones? ¿Qué huella ecológica deja? Esto es clave para entender el papel de los ciudadanos para propiciar un cambio en política medioambiental.
- Más allá del reciclaje. Reciclar es el último paso. En la escuela se debería hablar sobre cómo reducir el uso de plásticos, apostar por productos duraderos, reparar antes de tirar y elegir opciones sostenibles. Esto forma parte de una economía circular que debe enseñarse desde pequeños.
- Justicia climática Los alumnos deben saber que la crisis climática no afecta a todos por igual. Los países más empobrecidos sufren las peores consecuencias pese a ser los que menos contaminan. Ahí está el ejemplo de la sequía prolongada que vivió el este del África subsahariana hace unos años.
- Conexión con la naturaleza. No se puede proteger la naturaleza si no se conoce. Hay que promover salidas al campo, contacto real con el entorno natural, conocimiento de los ecosistemas locales, de sus plantas y animales. En fin, hacer que el aula se abra a la naturaleza.
- Participación. Al mismo tiempo, hay que fomentar el espíritu crítico, el debate y la participación en el colegio. Promover que los alumnos se puedan expresar libremente sobre estos temas y que apoyen o participen en campañas medioambientales.
La reducción de plásticos, una batalla concreta.
La reducción del uso de plásticos es una tarea concreta en el cuidado del planeta en la que se puede educar en los colegios y donde se están dando pasos importantes que traspasan las aulas.
Hay empresas fabricantes de bolsas de plástico que han cambiado su línea de producción tradicional por una de fabricación de plásticos ecológicos. Es el caso de Bioplásticos Alhambra, una empresa de Granada creada en 1971, que tras una inversión en I+D, en el 2008 pasó a dedicarse a fabricar en exclusiva bolsas de plástico biodegradables y bolsas de plástico reciclado. Es importante enseñar en los colegios la diferencia entre los dos tipos de plásticos.
El plástico biodegradable es un tipo de plástico que se fabrica con almidón de origen vegetal, en lugar de emplear polímeros obtenidos del petróleo. Es un material orgánico que se descompone en la naturaleza, transformándose en abono para la actividad agraria. Para producirlo se utilizan materiales como el almidón del maíz, de la remolacha o de la caña de azúcar, procedente muchas veces de residuos derivados de la actividad agraria. Es importante señalar que este plástico se degrada en plantas industriales de tratamiento de residuos orgánicos, donde se somete a los residuos a una temperatura y humedad adecuada que favorece su completa descomposición, y no en sistemas de compostaje casero. Estas bolsas se están utilizando en los supermercados, para guardar la fruta y la verdura que compramos a granel y en muchas farmacias.
Las bolsas de plástico reciclado se emplean en las tiendas, sustituyendo a las bolsas tradicionales. Por falta de consistencia, estas bolsas contienen un 50 o un 70% de plástico reciclado. Su composición debe venir indicado en la impresión de la bolsa. Estas no se descomponen en la naturaleza.
Nos puede parecer insuficiente el porcentaje de material reciclado que contienen, pero es un ejemplo de cómo el plástico que reciclamos se utiliza para proteger el planeta.





