Los libros de una manera u otra siempre ayudan…

Los libros de una manera u otra siempre ayudan…

 

Imagen 3 para Ediciones Aljibe...
No soy ni profesor, ni terapeuta, ni trabajador social, ni nada por el estilo… Soy un hombre “corriente” de treinta y tres años, con las vivencias propias y comunes a cualquier padre separado de mi edad (tengo una hija de tres años). Me gano la vida de cajero en un supermercado y me gusta leer libros de autoayuda y de psicología. Me da igual que se rían mi familia y amigos de esta costumbre tan “extraña” que tengo, pero digan lo que digan a mí… ¡sí que me ayudan de verdad! Encuentro en ellos cantidad de información, recursos, etc. ¡Claro está que todos los libros de psicología no son buenos! Por ello es importante informarte adecuadamente sobre éstos: tema, autor, editorial, etc. Por mi parte, yo los compro siempre en Ediciones Aljibe, una editorial malagueña buenísima especializada en publicaciones de temática educativa y de atención a las necesidades educativas especiales. Llevan ya veinticinco años proponiendo sus publicaciones y francamente para mí son los mejores. Son muy profesionales (de hecho trabajan con profesionales reconocidos de distintos ámbitos) ¡y eso se percibe en sus publicaciones!

Yo no dispongo ni del dinero ni del tiempo suficiente para pagarme un buen psicólogo o terapeuta. No digo que los de la Seguridad Social sean malos, ¡para nada!, pero hay que reconocer que se te puede poner el pelo cano de tanto esperar a que te den una cita. Y con los recortes… ¡ni te cuento! Y hablando siempre de lo mismo con tu gente ¡acabas sistemáticamente por aburrirlos y cansarlos! Entonces me apaño con los libros, éstos consiguen colmar muchas de mis inquietudes. En los libros de autoayuda de esta estupenda editorial he encontrado a menudo respuestas a muchas de mis preguntas, me han ayudado a superar problemas de distintos índoles –me fueron por ejemplo muy útiles cuando mi pareja y yo decidimos separarnos–, y con el tiempo me han hecho más fuerte. También hay que decir que para que se opere un cambio en tu conducta o estado de ánimo debes proponértelo seriamente y cumplir en efecto ciertas normas o reglas para llegar a la meta que te has propuesto. ¡Las cosas no llegan nunca así porque sí! ¡Hay que desearlas de verdad!

Últimamente encontré llorando a una de mis colegas en los vestuarios. Me sobresalté e iba a salir pero decidí finalmente quedarme para intentar tranquilizarla. Después de haberla consolado un poco, esta compañera entre hipos me confesó que ya no podía más, que ya no aguantaba el problema de alcoholismo de su marido y que estaba seriamente pensando en separarse de él si no acababa por reconocer su problema y ponerse en cura. Me quedé de piedra. Pues a su esposo lo conozco y eso no se me hubiese pasado nunca por la cabeza. En definitiva ¡las cosas pocas veces son lo que parecen! A su problema se le denomina “alcoholismo mundano”. Empiezas por una copa tomada con los compañeros durante un cóctel organizado por la empresa, sigues tomándote otra después de tu jornada laboral con los mismos colegas o con otros, y luego… ¡solo (a)! Poco a poco y de manera insidiosa te vas sumergiendo en esta adicción sin darte cuenta… Por esa razón es tan difícil a reconocer.

Me dijo que había intentado hablar serenamente con él, le había propuesto ir a consulta con un especialista, se había enfadado con él, se había ido incluso a vivir un tiempo en casa de su madre, ¡pero nada! Él seguía sin reconocer su problema aunque bebiera cada vez más y gastara cada vez más dinero en ello. Entonces le hablé de los libros de autoayuda… ¿Por qué no intentaba dejar uno sobre la mesita de noche y ver lo que sucedía? Le gustó mi idea. ¡No tenía nada que perder! Decidió entonces meterse en la página web de las Ediciones Aljibe y encontró un libro que abordaba los problemas del alcohol como una enfermedad desde todos los puntos de vista: las relaciones familiares y con amigos, el trabajo, la salud, incluyendo las secuelas psíquicas o físicas. Le pareció bueno y lo compró.

Pues bien… Hace unos días me le crucé de nuevo en los vestuarios pero esta vez sonriente y me dijo: “¡No sabes lo agradecida que te estaré siempre! Mi marido ha reconocido su problema después de haber leído el libro y ha empezado una terapia con un médico adictólogo.” Ello demuestra que los libros de autoayuda sí que ayudan ¡y no solamente a mí!

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