Con el bullying, prevenir antes que curar

Con el bullying, prevenir antes que curar

Desgraciadamente todo el ámbito educativo se encuentra ahora marcado por una terrible “moda” de acoso escolar que está provocando que las víctimas lleguen a sufrir graves consecuencias físicas y psicológicas. Miles de expertos en todo el mundo buscan soluciones para atajar el problema, prevenirlo y eliminarlo antes de que los daños sean mayores pero todos están de acuerdo con que en la mayoría de los casos el acoso se sufre en silencio, ni padres ni profesores son conscientes de que existe, y en algunas ocasiones, cuando se enteran, ya es demasiado tarde.

Mediaset, hace muy pocas semanas, emitió por fin los cuatro capítulos de “Proyecto Bullying” que rodaron el año pasado con el fin de dar voz a todos aquellos niños que sufren acoso escolar y visibilidad a este problema ante toda nuestra sociedad. Sin embargo, muchos expertos han tachado el programa de sensacionalista y morboso, a pesar de que tanto las ubicaciones reconocibles, como las caras y voces de todos los implicados, aparecen distorsionadas.

En uno de los últimos programas, un menor de 14 años acosado por su altura, contaba a Jesús Vázquez que sufre bullying a diario. A veces no es necesario que haya un motivo real para que los compañeros de clase la tomen con tu hijo/a, puede ser por ser más tímido, por ser más inteligente, por ser torpe, por estar rellenito o, como en este caso, por medir casi 2 metros de altura.

Un ejemplo de bullying muy similar al que sufre este adolescente, lo sintió Iñaki Zubizarreta en su propia piel. El exjugador de baloncesto profesional también tuvo que soportar insultos y acoso con 11 años debido a su gran estatura.

Ante todos estos casos de bullying, los psicopedagogos y educadores intentan aportar las herramientas necesarias, tanto a alumnos como a profesores, para prevenir el acoso desde el minuto cero. El acoso escolar o bullying, que puede llegar a llevar, en casos extremos, a la muerte del menor, debe ser erradicado.

El ministerio de educación ha puesto en marcha un teléfono gratuito, atendido por psicólogos y que, además, no deja huella telefónica, para combatir esta lacra social que ya afecta al 4% del alumnado (900 018 018), pero si además necesitas un asesoramiento más personalizado puedes ponerte en contacto con acosoescolar.com.es. No estás solo.

También la Fundación ANAR, asociación que ayuda a niños y adolescentes en riesgo, dispone del teléfono 900 20 20 10 destinado a ayudar a las víctimas del acoso escolar en nuestro país.

Qué hacer ante un caso de Bullying

Lo primordial es ponernos en contacto tanto con los padres del niño acosado como con los del acosador. Normalmente, enfocamos solo los esfuerzos en ayudar a la víctima pero no reeducamos al acosador, lo que puede llevar a que esta situación se dé con otros niños, que se repita.

La colaboración del colegio es fundamental pero, aunque casi todos los centros cuentan con un protocolo de actuación, cuando hay testigos mudos la situación se complica notablemente. Muchas veces ellos tienen la clave para acabar con el acoso pero por miedo a las represalias o a ser ellos las nuevas víctimas, prefieren callar y mirar hacia otro lado.

Además, hay que asegurarnos de tener un control total sobre el móvil de nuestros hijos. No se trata de violar la intimidad de los jóvenes sino de prevenir graves problemas, por eso el control parental es vital en este sentido. Podemos llegar incluso a un acuerdo entre padres e hijos para su uso. Este permitiría a los padres, con el consentimiento de los niños, revisar las aplicaciones del móvil, la configuración y el estado de seguridad del aparato sin invadir la privacidad del menor. Podemos gestionar el tiempo que gastamos en el uso del móvil y el envío de fotografías personales por ejemplo.

De lo que se trata es de comprender que nuestro hijo o hija puede ser el acosado, pero también el acosador o un testigo silencioso de lo que le está ocurriendo a otro niño. Debemos ser conscientes de que todos los niños, sin excepción, pueden equivocarse de diversas maneras y, por eso, sin buscar culpables, hemos de prevenir antes que curar.